Condena a quienes mienten - REY DE REYES


Rey de Reyes



¡Oh, Ser!, dicta esta condena,
que sea del sofista su cadena,
y alza la verdad invicta y fulgurante,
exaltando al probo, hiriendo al tunante.

Cristo, quien por nosotros moriría,
dijo: «Soy el Camino», y añadió:
«Verdad y Vida», con bizarría;
preceptos por los que siglos concedió.

Artificio y sombra es hoy su Iglesia,
y el miedo hace del justo un esclavo.
Llaman prudencia a su careta necia,
y a la mentira alzan cual mandato.

Niegan al Verbo en cálculo mezquino
y venden sombras por forjar destino.
Yo, Pedro ungido por tu amor sincero,
anuncio tu Reino con esmero.

No hay redención en ritual o apariencia,
sino en la iluminada conciencia.
Faraón alza su trono en lo aparente
y humilla al justo, silencia al valiente.

En nombre de normas y vil decoro,
calla la verdad, y el oro se corrompe.
¿No veis al truhan que reclama pruebas,
en conjura donde lo vil gobierna?

No es la verdad origen de la guerra,
sino la farsa que el astuto encierra.
Su voz torcida, su pacto histórico,
son fruto rancio de lo ilógico.

Traición y rencor, sombra persistente,
brotan de aquel que predica inconsciente
que lo falso es bien comedido
y que lo cierto fue ya derruido.

Nietzsche rasgó los velos de la norma
y denunció al estéril pundonor.
Y si hay verdad, es la del amor,
no el anhelo vano del honor.

Quien teme al rayo puro de la vida
huye de aquello que su ser anida.
Por eso al falso pontífice interpelo,
que teme al mal y pacta con su velo.

Que el fin del fraude cante en voz abierta,
y el mundo vea la conciencia alerta.
Sin más disfraz ni máscara fingida,
resplandezca el fulgor de limpia vida.

Mártires son los que la historia elevan
y en la verdad su espíritu preservan:
Sócrates, desafiando su condena;
Cristo, caído por injusta pena.

Juana, sumida en la verdad de fuego;
Moro, Bruno, Romero, King, sin miedo
a morir por la verdad que dieron
ante temerosos sordos a su ruego.

No es senda fácil la que al Logos guía,
mas solo en ella habita la armonía.
Quien anda en sombras abre su caída;
mas ¿quién teme de la luz su brillo?

¡Oh, Ser!, extrañamos tu Reino ausente:
impón la verdad y su ascendente.
Los mentirosos caerán al suelo,
arderán sin refugio entre las grietas.


El intrigante, ya desenmascarado,
será en su propia lengua revelado.
Caigan ya los muros del engaño;
tiemble el trono al peso de su daño.

Que el mundo se asombre sin recelo
de la ruina de lo urdido en sombra.
Aun contra el deseo de quien mienta,
su lengua lo delatará insistente.

Lo oculto saldrá de su guarida,
expuesto al juicio pleno de su vida.
¡Oh, Ser!, que sea la verdad escudo
y alce en la luz su resplandor desnudo.

Que sin temor la llama nos atraviese
y en transparencia el alma se confiese.
El fin del mal es hoy así anunciado:
Reino anhelado y restaurado.

¡Gloria a la vida verdadera!
¡Gloria a quien en lo cierto persevera!

Amén.


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