San Agustín y la refutación anticipada del marxismo
El maniqueísmo, fundado por Mani en el siglo III, proponía una visión dualista radical del universo: dos principios eternos y coeternos en lucha perpetua, la Luz, identificada con el bien y el espíritu, contra las Tinieblas, asociadas al mal y la materia. La historia era el escenario de esta batalla cósmica, y el ser humano se convertía en un campo de batalla donde partículas de luz divina permanecían atrapadas en un cuerpo material inherentemente malo. La salvación no provenía de la gracia que transforma el corazón, sino del conocimiento gnóstico que permitía liberar la luz interior y rechazar radicalmente el mundo material. El mal tenía sustancia propia, existían hijos de la luz e hijos de las tinieblas, y la ética exigía separarse drásticamente de los impuros, justificando un elitismo espiritual y, en algunos casos, una hostilidad hacia la creación misma. El marxismo no heredó directamente el maniqueísmo histórico, pero sí reprodujo una estructura intelectual sorprendentemente ...