Los proverbios de la falaz ética colombiana: dar papaya, roba pero hace, no lo dejan gobernar...
Aristóteles observó en la Retórica que los proverbios poseen un valor singular porque condensan la experiencia acumulada de generaciones enteras. No sobreviven por casualidad. Si una expresión continúa viva después de siglos, es porque una sociedad ha encontrado en ella una explicación aparentemente convincente de la realidad. Los proverbios constituyen, por decirlo así, una filosofía popular destilada por el tiempo. Sin embargo, precisamente ahí reside también su mayor peligro. La antigüedad de una idea nunca constituye una prueba de su verdad. Los pueblos ciertamente transmiten sabiduría, pero también prejuicios, supersticiones, falacias y racionalizaciones morales. Un proverbio repetido durante generaciones termina dejando de ser una simple frase ingeniosa para convertirse en una norma ética inconsciente. Ya no describe la realidad: comienza a decirnos cómo debemos interpretarla y, finalmente, cómo debemos comportarnos. Las palabras poseen un poder extraordinario. No sólo sirven par...