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Confesiones de Difuntos - Revelaciones del más allá

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En la vasta tradición de la literatura fantástica y de horror, pocas obras han osado transitar el umbral que separa la vida de la muerte con la precisión casi clínica que caracteriza a Emanuel Swedenborg, aquel científico del siglo XVIII que, tras cartografiar la corteza cerebral, consagró sus últimos años a describir —con el rigor del anatomista— las geografías del espíritu desencarnado. Confesiones de Difuntos , del escritor colombiano Hugo Noël Santander Ferreira, se inscribe en esa estirpe singular que no concibe lo sobrenatural como mera atmósfera, sino como un territorio epistemológico susceptible de ser explorado, cartografiado y, sobre todo, interrogado. La colección de cuentos que aquí se presenta no es, sin embargo, un simple ejercicio de literatura fantasmagórica. Sus páginas constituyen un ambicioso dispositivo narrativo donde los muertos —no los espectros de la tradición gótica, sino las conciencias que persisten tras el colapso orgánico— comparecen ante el único tribunal ...

Globalización, los mecanismos del poder, la migración y el mercado

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  Globalización de Hugo Noël Santander Ferreira — Análisis El proyecto dramático Globalización es una sátira del absurdo que usa el teatro como bisturí para diseccionar los mecanismos del poder, la migración y el mercado. La obra lleva el subtítulo teatrexto , término que ya anuncia su naturaleza híbrida: no es un drama convencional sino un texto que se piensa a sí mismo como objeto literario al mismo tiempo que como partitura escénica. El epígrafe de Beckett — "Soy desgraciado / ¡No digas! ¿Desde cuándo? / Lo había olvidado" — no es decorativo: es el tono exacto de la obra, esa mezcla de catástrofe y amnesia que convierte el sufrimiento en costumbre y la costumbre en comedia. Ulises Argüello: el nombre como trampa El nombre del protagonista es el primer gesto irónico de la obra. Ulises, el viajero eterno de la épica griega, se reduce aquí a un inmigrante con documentos en regla, un traje apretado que le mandó su madre y una pistola que no sabe usar. La odisea ya no co...